De todas las plantas que la humanidad ha convertido en cultivos, ninguna es más enigmática que el camote. Los indígenas de Centro y Sudamérica lo cultivaron en fincas por generaciones y los europeos lo descubrieron cuando Cristóbal Colón llegó al Caribe en el siglo XV. En el siglo XVIII, el capitán Cook se volvió a cruzar con las batatas, pero a más de 6000 kilómetros de distancia, en las remotas islas polinesias. Posteriormente, los exploradores las encontraron en otras zonas del Pacífico, desde Hawái hasta Papúa Nueva Guinea.